Margarita Carmen, Rita, gildas y gambas

Nació en Brooklyn, Nueva York, y fue inscrita en el registro como Margarita Carmen Cansino, hija de Volga Hayworth, bailarina originaria de Washington D.C. y Eduardo Cansino, bailaor y natural del municipio sevillano de Castilleja de la Sierra. Con el tiempo adoptaría el apellido de su madre y el nombre artístico de Rita, para comenzar su carrera actoral en Hollywood, justo en el comienzo de la década de los treinta del siglo pasado y formando parte, con tan solo trece años y junto a su padre, del Spanish Ballet.

Su primera relación con lo español, más allá de lo que los recuerdos que su padre pudieran aportarle durante infancia y adolescencia, fue en 1941 y encarnado el papel de doña Sol, la joven aristócrata, cruel y frívola que acaba arruinando la vida del torero Juan Gallardo que interpretaba Tyrone Power en la película Sangre y arena, adaptación de la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez.

Con dieciocho años se casó con Edward Judson, quien la lanzó al estrellato consiguiéndole un contrato con Columbia Pictures, productora en la que no tardó en ser actriz señera y referente sumo. Sus éxitos actorales en cintas como Solo los ángeles tienen alas o Una dama en cuestión y como bailarina junto al mítico Fred Astaire en las películas Desde aquel beso y Bailando nace el amor, probablemente tuvieron bastante que ver son su ruptura matrimonial, pero le abrieron las puertas de la todopoderosa 20th Century Fox, al ser reclamada por Rouben Mamoulian para interpretar a esa pérfida doña Sol que la lanzaría como sex symbol; una imagen icónica que definitivamente explotaría en 1946, cuando ya llevaba tres años casada con Orson Wells, en la película Gilda, donde un onírico streptease con un largo guante de seda manufacturado por la firma barcelonesa Victoriano y al ritmo de la sugerente canción, Put the Blame on Mame/Échale la culpa a Mame, inmediatamente seguido por una enérgica y sonora bofetada a cargo de Johnny Farrell/ Glenn Ford, se convirtieron para siempre en símbolo y emblema de alta cinematografía.

Aunque en España la Dirección General de Acción Católica calificó Gilda como 3, para mayores (lo cual no era mucho ya que por delante des establecido “riesgo moral” estaban 3-R, mayores son reparos y 4, gravemente peligrosa) la película se convirtió rápidamente en un escándalo nacional y serio atentado a la honestidad colectiva por los sectores más conservadores de la sociedad. En su estreno en Madrid, el 22 de diciembre de 1947 en el Palacio de la Música alguien tiró un tintero lleno a la pantalla e incidentes similares se reprodujeron en distintas ciudades españolas en los años siguientes. A cambio, el filme favoreció la creación del pincho, tapa o banderilla por excelencia: un encurtido a base de aceituna, piparra y anchoa en salazón, unido todo por un palillo. Parece que fue en Casa Vallés, un bar de San Sebastián/Donosti, donde, entre 1948 y 1949, se pergeñó esta joya aperitivera e incluso se apunta el nombre del “inventor”: Joaquín Aramburi “Txepetxa”. El pincho fue bautizado como Gilda porque, al decir de sus mentores, era “salada, verde y un poco picante”.

Separada de Wells y con su recién estrenado tercer marido, el príncipe multimillonario, embajador y reputado play boy AlíKhan, recaló en Madrid en 1950 acompañando a Charles Bronson, un productor iluminado que creó un imperio cinematográfico en España y que acabó arruinado tras los estrenos de cintas memorables como Rey de reyes, El Cid, 55 días en Pekín, La Caída del Imperio romano, o El fabuloso mundo del circo.

En aquellos años también paseó la diva por tierras andaluzas con singular aprovechamiento. En Sevilla intentó aprender a tocar las castañuelas en un tablao flamenco; en Huelva se bajó al ruedo convenientemente ataviada para fotografiarse con Miguel Báez Espuny “El Litri”, y en Málaga se enamoró perdidamente y para siempre de las gambas cocidas, a la plancha y en todas y cada una de sus preparaciones.

La tarde del 27 de diciembre de 1952 entró con el yate de su marido aún Alí Khan en el puerto de Gijón, pasó la noche en el Hotel Saboya y en la mañana le comunicaron que su siguiente destino, Vigo, tendría que esperar por el mal estado de la mar.

Accedió de buen grado a ser entrevistada por un grupo de periodistas locales que le preguntaron qué era lo que más le gustaba de España. Respondió al punto: “Todo, los toros y los toreros, pero sobre todo las gambas… ¿podré comer mañana gambas a la hora del aperitivo?”. Las comió y a plena satisfacción en el Café Alcázar, sito en la esquina de Corrida con Muguruza.

Antes de conocer España, a Rita le chiflaba la comida italiana, especialmente la lasaña de espinacas, pero a partir de entonces se hizo una auténtica adicta a las gambas. Una dependencia que después, desgraciadamente, compartiría con el alcohol.

En 1963, en el ocaso de su carrera y tras rupturas matrimoniales con Khan, Dick Haymes y James Hill, llegó a España para intervenir en la película El fabuloso mundo del circo, que se rodó en Chinchón, el parque del Retiro de Madrid, donde fue vaciado el estanque y convertido el paseo de Coches en Campos Elíseos, y Aranjuez, donde estaba el 23 de noviembre cuando se conoció la noticia del asesinato del Presidente Kennedy en Dallas. Rita se abatió profundamente cuando supo que el director Henry Hathaway y el actor principal de la cinta, John Wayne, se habían pasado la noche emborrachándose y celebrando por todo lo alto el magnicidio.

Para pasar los malos tragos Rita tomaba muchos tragos; tantos que le hacían olvidar con frecuencia su papel, pero convenientemente forrada con langostinos fritos en salsa de tomate cuando recalaba en el madrileño Jockey, con cabrito asado en Chinchón y con faisán relleno de manzanas en los días de Aranjuez.

Consumida por el alcohol, atrapada por el Alzheimer y esmeradamente cuidada por Yasmine, la hija que había tenido con Alí Khan, murió en Nueva York el 14 de mayo de 1987. Cinco días después fue enterrada en el cementerio de Beberly Hills. El féretro con sus restos lo portaban Ricardo Montalbán, Don Ameche, Hermes Pan y Glenn Ford, el otrora abofeteador.

La que en su momento fue apodada “la diosa del amor” fue muy desgraciada en sus afectos. Cinco matrimonios y varias relaciones sentimentales acabaron siempre en violentas rupturas y sonoros fracasos. Ella parecía tener una convincente explicación: “Todos los hombres que pasaron por mi vida se acostaban con Gilda y se levantaban conmigo”.

Miguel Ángel Almodóvar

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